Ocurre que el mundo, como todos sabemos, se encuentra interrelacionado. Desde sus componentes más primarios (agua, tierra, fuego y aire), hasta sus habitantes más “humanos” (las personas). Y en este contexto, es fácil comprender que cualquier movimiento o fenómeno que suceda en una parte del planeta, puede extender sus consecuencias hasta el punto geográfico más lejano. Esto es lo que se conoce como “efecto mariposa”, y tiene mucho que ver con la responsabilidad social de cada uno de nosotros, con el compromiso que se genera en cada persona, por el simple hecho de pertenecer a este mundo.
Después de un fin de semana de evaluación continua, he acabado dándome cuenta de la importancia que tiene el mejorar las cosas, y lo difícil que resulta a veces llegar a un consenso entre lo que es más adecuado, y más perjudicial. En el caso de la cooperación, la opción es clara. El desarrollo debe plantearse teniendo en cuenta las necesidades y las propuestas de mejora de los propios beneficiarios del proyecto, y nosotros (los cooperantes del norte) debemos actuar como agentes de apoyo que, llegado el momento preciso, se retirarán, puesto que la sostenilibidad del proyecto ya queda garantizada por la población local. Y hemos visto cómo cuando se ha hecho al contrario, se han provocado grandes desastres en la zona, al tiempo que se han perjudicado otras esferas de vital importancia (el medio ambiente, la salud y la seguridad de la población, el desarrollo sostenible…)
Y por supuesto, siempre la evaluación debe ser crítica, abordando aspectos positivos y negativos, y en base a este análisis, establecer nuevos objetivos, líneas de trabajo y resultados esperados para la próxima intervención.
Lo complicado, quizá, se presente cuando nos disponemos a evaluarnos a nosotros mismos. Nuestra conducta, en ocasiones, deja mucho que desear. Y lo cierto es que no sirve con tener buenos pensamientos y geniales propósitos, sino que lo realmente importante y complicado es desarrollar una vida llena de experiencias positivas, de errores, de metas alcanzadas, de lecciones aprendidas y de fracasos superados. Y para superarse a sí mismo, que al fin y al cabo debería ser la finalidad de todos los que poblamos la tierra, es necesario evaluarse desde una perspectiva objetiva y global, sin olvidar que pertenecemos a una comunidad muy grande y que, por tanto, nunca estamos solos.
El respeto de los Derechos Humanos debería constituir un elemento natural de nuestro organismo… desgraciadamente, lo que acabo de sugerir es simplemente una irracionalidad. Aunque si dicha irracionalidad se cumpliera, la humanidad se ahorraría tantos y tantos problemas, y agradecería tantas y tantas cosas…
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