martes, 9 de agosto de 2011

Ghana, un conflicto medioambiental.

La obsolescencia programada es un concepto que todas y todos sufrimos actualmente, aunque algunos no conocen ni su nombre, y cuyo auge en nuestras sociedades comenzó unos 20 años después de la caída del muro de Berlín.

Desde demandas colectivas en EE.UU. llevadas a los tribunales por el tema de la no reemplazabilidad de ciertos productos, así como a propósito de la vida útil de la batería de los Ipods, por ejemplo; hasta las bombillas, la ropa, los electrodomésticos, los aparatos electrónicos… prácticamente todo está contaminado por esta mala práctica, que acarrea consigo enormes cantidades de residuos, sin dejar de lado la frustración respecto a la ética de algunos ingenieros y de los consumidores.

“La moda” es que diseñamos para que los productos tengan una vida corta, mientras nuestro día a día se llena de grandes empresas sin política medioambiental y los residuos electrónicos llegan en grandes masas a países del Sur, como ocurre en el caso de Ghana.
Esta práctica esta prohibida por un tratado internacional, pero quien lo hace se resguarda declarándolos productos de segunda mano.

El 80% de los productos no puede repararse, convirtiendo algunas zonas del país en auténticos y gigantes vertederos, cargándose la flora, la fauna, los ríos… convirtiéndose así en basureros del mundo.

A Ghana, llegan por barco contenedores llenos de computadoras, monitores y televisores usados y estropeados, de marcas como Philips, Sony, Microsoft, Nokia, Dell, Canon y Siemens, procedentes de países europeos y etiquetados de forma fraudulenta como “bienes de segunda mano” (unos 600 contenedores al mes).

¿Qué conflictos y consecuencias ocurrirían en Ghana en un futuro próximo si se mantiene esta amenaza, casi realidad, de catástrofe medioambiental?

En África los artículos electrónicos se convierten en un gran problema medioambiental, debido a que sus componentes suelen ser peligrosos.
En los países ricos su eliminación sería costosa debido a la necesidad de tratar estos componentes, por lo que resulta mucho más barato enviar los residuos al continente africano.

Si repasamos el marco legal del comercio de productos de desecho, dice claramente que los residuos y artículos peligrosos, incluidos los electrónicos, no pueden ser exportados a países en vías de desarrollo, puesto que no cuentan con las infraestructuras necesarias, ni con la tecnología suficiente como para llevar a cabo el tratamiento de los desechos de una manera correcta con el medio ambiente.
Cuando los productos llegan a tierra firme, los comerciantes de segunda mano seleccionan las mejores piezas. El resto se envía al vertedero de Agbogbloshie por una pequeña tasa. Pero la acumulación de basura electrónica ya sobrepasa todos los límites.

Lo peor de todo es que los artículos no son tratados como deberían. La mayoría se almacenan a varios metros de altura o son quemados al aire libre. Esto supone una liberación de residuos tóxicos medioambientales que se esparcen por el terreno y por el aire.

De esta manera, un niño que lleva un cargamento de componentes eléctricos después de ser incinerados está directamente expuesto a sustancias químicas tóxicas en el ambiente.

En este sentido, Greenpeace hace una campaña para exigir urgentemente a los productores de aparatos electrónicos que quiten los componentes químicos, y se responsabilicen de ellos hasta el fin de su vida útil.

Además, Greenpeace ha publicado un informe sobre contaminación química en los emplazamientos de reciclaje y gestión de residuos electrónicos en Ghana, en el que se revela que existe una contaminación severa por sustancias peligrosas en los cementerios de residuos electrónicos de este país africano.

"Muchas de las sustancias que hemos detectado son altamente tóxicas, algunas pueden afectar al desarrollo del sistema reproductor de los niños y otras pueden alterar su desarrollo cerebral y del sistema nervioso”, señaló Kevin Brigden, de la Unidad Científica de Greenpeace Internacional.

Un grupo de investigadores de Greenpeace, entre los que se encontraba un científico, visitaron dos plantas de reciclaje de residuos electrónicos en Ghana. Una de ellas se encontraba en el mercado de Agbogbloshie, en Accra, el centro neurálgico del reciclaje de este tipo de residuos en Ghana, y otra en la ciudad de Korforidua. Las muestras se recogieron en lugares donde tienen lugar las quemas a cielo abierto de los residuos electrónicos, así como en una pequeña laguna, en Agbogbloshie.

Algunas de las muestras contienen metales tóxicos, entre los que se ha detectado plomo en cantidades 100 veces superiores a las muestras de suelos y sedimentos no contaminados.

También se ha encontrado que en la mayoría de las muestras otras sustancias químicas como los ftalatos, grupo de sustancias conocidas por alterar la reproducción sexual. Además, una de las muestras analizadas contiene altos niveles de dioxinas cloradas, cuya consecuencia más importante en el cuerpo humano es la capacidad de provocar cáncer.

La naturaleza y magnitud de la contaminación química que se ha detectado en Ghana es similar a la que ya había detectado Greenpeace en anteriores análisis realizados en China e India, en lugares donde se realizaba la quema a cielo abierto de residuos electrónicos.

Ésta práctica no sólo contamina el medio ambiente sino que, además, expone a los trabajadores a partículas de polvo y humos potencialmente tóxicos.
Este “reciclaje” básico se realiza en busca de las partes metálicas, principalmente aluminio y cobre, que se vende, aproximadamente a dos euros cada cinco kilos.

Como podemos observar y deducir, la economía del despilfarro desarrollada e impuesta en la mayoría de los países del norte frente a la economía del decrecimiento y a los diferentes movimientos a nivel mundial que están apareciendo contra esta superproducción y “malproducción” (es decir, de vida corta y con materiales, muchas veces, tóxicos), es propia y característica de los países del norte.

La idea de tirar algo que se estropea, sin intentar repararlo, es algo que prácticamente no existe en la idiosincrasia de las gentes de los países del sur.

Apple, por ejemplo, alardea de ser una empresa ecologista, pero es una de las que más residuos producen con su obsolescencia programada.

La naturaleza, en cambio, no produce residuos, sólo nutrientes.

Es necesario pues, replantear nuestro tipo de economía y nuestros valores culturales y sociales. En este sentido, la revolución del decrecimiento muestra la necesidad de un cambio de lógica que intenta romper con el discurso eufórico del crecimiento infinito, viable y sostenible...

Algunas son las acciones a favor de este planteamiento, como en el caso de la Eurocámara, por su parte, que exigirá a partir de ahora normas más estrictas para mejorar la gestión de los residuos eléctricos y electrónicos que se producen en la Unión Europea.

Se han propuesto nuevos objetivos de recogida, reciclaje y reutilización, así como medidas para reducir la carga administrativa de las empresas (mediante la unificación de los sistemas de registro e información y también reduciendo el número de categorías de productos para simplificar los trámites).

Los europarlamentarios también han reclamado normas para prevenir la exportación ilegal de estos residuos a países en desarrollo, como ha estado ocurriendo durante muchos años en Agbogbloshie, Ghana.
En todo caso, la advertencia de la Eurocámara es clara: ya no van a permitir que se sigan desechando residuos de forma incontrolada.

Como tantas y tantas medidas y compromisos tomados por la comunidad europea e internacional, tendremos la oportunidad de ver, incluso de comprobar, los esperanzadores resultados.

Tanto las autoridades públicas, como los fabricantes y los consumidores, tendrán que poner algo de su parte para garantizar la recogida y el reciclaje de los productos eléctricos y electrónicos.

El Parlamento Europeo exigirá a los Estados miembros recoger, como muy tarde en 2016, como mínimo, el 85% de los residuos generados.
Además, para 2012, se tendrán que recoger, al menos, cuatro kilogramos de residuos por persona, aunque también se va a promover el reciclaje.

El objetivo del reciclaje que recomienda la Eurocámara para 2016 es de entre el 50 y el 75%, dependiendo de la categoría del producto. Algunos residuos quedarán exentos de la norma, como los módulos fotovoltaicos de los paneles solares, que deben ser tratados por profesionales.

En cuanto a los productores, deberán crear diseños ecológicos que faciliten el desarmado, el reciclaje y la reutilización de sus productos, así como reducir las emisiones de sustancias peligrosas.

He aquí la esencia de la propuesta de Educación para la vida: Reducir, Reusar y Reciclar.

1 comentario:

  1. Muy buen resumen de la situación. Felicitaciones. Lamentablemente algunas personas idearon esto y las sociedades no hacen más que aceptar sin preguntarse ¿porque?, pero por suerte mucha gente es consciente de esto, y si algunos avaros pudieron imponer esta idea de obsolescencia programada, algunos otros podemos hacer que se cuide este mundo del que somos solo habitantes temporales.

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